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Extracción en frío: la frontera está en 27 °C

Qué separa «extracción en frío» de «primera presión en frío», y qué no dice ninguna de las dos.
7 de agosto de 2026 por
Extracción en frío: la frontera está en 27 °C

En una etiqueta de aceite, «extracción en frío» no es una manera de hablar: es una mención regulada. El Reglamento Delegado (UE) 2022/2104 permite ponerla solo en aceites de oliva vírgenes extra o vírgenes obtenidos a menos de 27 grados, mediante filtración o centrifugación de la pasta de aceitunas. Por encima de esa temperatura, la frase no se puede escribir en el envase.

Al lado convive otra que parece sinónima y no lo es. «Primera presión en frío» exige los mismos 27 °C, pero además un primer prensado mecánico con prensas hidráulicas: el sistema tradicional. Casi ninguna almazara trabaja hoy así; la inmensa mayoría centrifuga. Si ves «primera presión» en una botella moderna, o el productor conserva prensas, o alguien está usando la expresión que suena mejor.

Qué hace el calor

La razón de la frontera es física. Calentar la pasta ayuda a que el aceite se separe: sube el rendimiento, salen más litros de los mismos kilos de aceituna. El coste está en lo que se lleva por delante. Los compuestos volátiles —los responsables del olor a hierba, a tomatera, a alcachofa— se evaporan; los polifenoles, que son a la vez el amargor, el picante y buena parte de la estabilidad del aceite frente a la oxidación, se degradan. Un aceite molturado caliente rinde más y dura menos.

Nuestro aceite se muele por debajo de esos 27 °C y dentro de las primeras veinticuatro horas tras la recogida. Conviene separar las dos cifras, porque miden cosas distintas: la temperatura está regulada, el plazo no. Ninguna norma obliga a moler la aceituna en un día. Es una decisión de quien la lleva a la almazara, y se nota, porque la aceituna amontonada empieza a fermentar y esa fermentación acaba en el aceite en forma de defecto.

La acidez tampoco se prueba

La otra cifra de la etiqueta también se malinterpreta. La acidez libre no es el sabor ácido: es una medida de cuánta grasa se ha degradado antes de llegar a la botella. El reglamento europeo fija el máximo del virgen extra en 0,8 gramos por 100, expresado en ácido oleico. Hasta 2 gramos, es virgen. Por encima, lampante, que no se puede vender como está. Nuestra botella declara menos de 0,3°: bastante por debajo del techo legal, y esa distancia es justo lo que indica que el fruto llegó sano y se molió pronto.

Lo que no hace la acidez es predecir si un aceite te va a gustar. Un aceite puede tener 0,15° y saber a poco.

El consejo

Lee la etiqueta en este orden: categoría, campaña y después todo lo demás. Categoría, porque separa lo que es virgen extra de lo que no. Campaña, porque un aceite es un zumo de fruta y envejece: la fecha de consumo preferente puede estar a dieciocho meses vista, pero el aceite de la campaña anterior ya no tiene el picante que tenía. El resto de menciones —extracción en frío, variedad, acidez— matizan, pero llegan después.

Y una vez abierto, el reloj corre más rápido: cuenta con seis meses, en un armario y lejos del calor de los fogones.

Nuestro aceite de oliva virgen extra es de recogida temprana y viene en vidrio verde oscuro por lo mismo que se muele frío: el enemigo del aceite es la energía, venga en forma de calor o de luz.

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