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Con el cambio de tiempo de septiembre, en la tienda vuelvo a preparar pequeños detalles con tarritos de miel junto a plantas y me surge una duda muy doméstica: algunos tarros que estaban fluidos durante el verano empiezan a verse más densos o con pequeños cristales cuando la despensa refresca por la noche.


No quiero calentarla de más ni recomendar una textura concreta si la miel está bien tal cual. ¿Cómo la guardáis en esta época para que no coja humedad ni olores, y qué hacéis cuando se cristaliza: la dejáis así para consumirla, la templáis muy suavemente antes de regalarla o preferís esperar a que vuelva a temperatura ambiente? Me interesa sobre todo una rutina sencilla que no estropee el tarro ni obligue a trasvasarlo.

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Yo la dejaría cristalizar sin problema: los cristales no significan que la miel se haya estropeado. Para guardarla en esta época, me funciona más un armario seco y de temperatura bastante estable, lejos del fregadero, del lavavajillas y de alimentos con olor fuerte, que meterla en la nevera. El tarro bien cerrado y sin abrirlo con una cuchara húmeda son casi toda la rutina; no añadiría agua ni la pasaría a otro envase.


Si es para regalar y se busca una textura fluida, templaría solo ese tarro cerrado al baño de agua tibia, nunca hirviendo ni en el microondas, y lo retiraría en cuanto se ablanden los cristales. Secaría bien el exterior antes de abrirlo para que no le entre humedad. En casa no la recalentaría por costumbre: si la textura cristalizada me viene bien, la consumo así y me ahorro otro paso.

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