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En la floristería, al empezar octubre, vuelven los encargos de pequeños regalos con una bufanda fina de merino y algún elemento natural seco. Me gusta presentar el textil con el detalle, pero me preocupa que, si el conjunto pasa unas horas en un local húmedo o cerca de flores aromáticas, la bufanda coja olor, condensación o roce de restos vegetales.


¿Separáis siempre la prenda del ramo con una funda de papel o tela y dejáis una cámara de aire, o la preparáis solo al recoger el regalo? Si la bufanda ha estado una tarde en un espacio húmedo, ¿la aireáis abierta antes de doblarla y envolverla? Busco una forma bonita pero fácil de mantener, sin tener luego que cepillar o lavar una prenda delicada por haberla presentado junto a elementos naturales.

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Yo separaría la bufanda del material vegetal desde el principio: una funda de papel de seda limpio o de algodón tupido, sin apretarla, y el ramo en su propio envoltorio, dejando una cámara de aire entre ambos. No la envolvería junto a flores húmedas ni la cerraría en plástico; ahí se fabrica un pequeño invernadero de bolsillo.


Si ha pasado la tarde en un local húmedo, la sacaría al llegar y la dejaría extendida o colgada en un sitio seco y ventilado, sin sol directo ni radiador, hasta que esté completamente seca. Después la doblaría sin prensarla. Si solo ha cogido un olor leve, el aire suele bastar; si hay humedad persistente, mancha o contacto con savia o restos vegetales, no insistiría con cepillo ni perfume y seguiría la etiqueta de lavado.

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